Inhala durante cuatro, mantén cuatro, exhala cuatro, reposa cuatro, sincronizado con la luz del cruce o el ritmo de las ruedas. Esta cadencia reduce la activación simpática y favorece el regreso al cuerpo. Si alguien te interrumpe, simplemente retoma el conteo en la próxima fase. Practicada dos o tres ciclos, ya ofrece un respiro nítido. Con la repetición, tu cuerpo la anticipa y llega antes a un estado de calma utilizable.
Lleva la atención a la presión del calzado, sube por pantorrillas, rodillas y caderas, hasta hombros, mandíbula y entrecejo. No necesitas cambiar nada: solo notar. Nombra mentalmente cada zona para afianzar enfoque. Si aparece tensión, ofrécele tres respiraciones suaves. Este recorrido te devuelve al presente y contrarresta la rigidez de estar sentado o de pie, ayudando a liberar microcontracciones acumuladas que alimentan el agotamiento al llegar.